Bien, el último empujoncito y ya finalizo con la antología, aunque me da un poco de pena que se acabe, porque hay auténticas joyitas entre sus páginas. Hoy es pronto, las 10:15 de la mañana, pero bajo la persiana para ambientar un poco la habitación. Así que...
Sesión infantil, Cristina Arias: Salvar la educación es algo muy serio, y el maestro protagonista de esta historia alecciona a sus alumnos y los padres de estos con una serie de ejemplos de lo más visual. Con una prosa magnífica, se nos presenta una historia que incluso desde su lenguaje nos mete de lleno en el macabro mundo del Grand Guignol. Muy logrado, mejor escrito. Me ha gustado mucho.
Triple bendición, Miguel Martín Cruz y Gema del Prado Marugán: Una imaginativa escena donde un sacerdote que las creía todas consigo se encuentra con tres cabezas de una misma pesadilla. Pese a que me ha gustado bastante, adolece de algo que ya comenté en varios micros anteriores: se aleja demasiado de la idea que el lector tiene en mente acerca del Grand Guignol, lo cual hace que desentone un poco en la antología. Si obviamos este detalle, el texto es genial. Muy recomendable.
Último pase, Sergio López Vidal: Y, de nuevo, tras abandonar el patio de butacas durante unas pocas líneas, volvemos a encontrarnos en la primera fila de un espectáculo tan sombrío como hermosamente narrado, con unas imágenes embriagadoras y un lenguaje que busca regodearse en lo teatral. Una pieza de locura y muerte de lo más sugerente. Y por fin un micro que acaba cuando se baja el telón (no me preguntéis por qué, pero lo estaba echando de menos). Precioso.
Un mal trago, Jose Alberto Arias Pereira: Y para despedir la antología, el autor nos narra los estertores finales de una noche de casquería y bebidas de dudosa procedencia. El nombre de la actriz principal me ha parecido muy acertado, y el tono del director de la obra, tan divertido como mordaz. Es curioso, pero parece hecho adrede para encajar como última pieza de este enorme puzle de Grand Guignol, dejando la sensación, una vez leído, de que la antología termina como si estuviese pensada como un todo, y no como textos individuales sin nexo en común. Gran final.
¡Pues ya está! No puedo sino felicitar a todos y cada uno de los autores de este primer Calabacines en el ático, porque es una lectura sobresaliente. Hay auténticas joyas en el libro, y ningún amante del terror en su expresión más teatral debería dejar de leerlo, y mucho menos sabiendo que podréis descargarlo de forma completamente gratuita en www.sacodehuesos.com dentro de muy poco. He disfrutado como un crío leyendo vuestras historias, compañeros, y a pesar de que hay algunas que me han gustado más que otras, el nivel mostrado a lo largo de los 33 microrrelatos es un excelente indicativo de la salud que goza la literatura de terror en este país. Autores ya maduros se mezclan con otros emergentes en un crisol muy efectivo, saciando sobremanera nuestras ansias de escenas grotescas y alegorías descarnadas. Por enésima vez, chapó. Y tú que lees esto: no dejes de echarle un ojo a estas páginas. A buen seguro aplaudirás, con tus manos llenas de sangre, una vez baje el telón.
Quizá hasta te pongas en pie.
¡A pasar buen día!
Blog del autor Sergio Moreno
lunes, 15 de septiembre de 2014
domingo, 14 de septiembre de 2014
CALABACINES EN EL ÁTICO: 2ª PARTE
Bien, pues siguiendo con el mismo procedimiento de anoche, retomo la lectura y opinión de la antología, que alguno ya hasta me metía prisa desde cierta web (qué impacientes somos los autores cuando algo nuestro ve la luz, jejeje, y me incluyo, por supuesto). Son las 23:21, y aquí vamos.
Inspiración, Nuria C. Botey: Un doctor haciendo horas extras y el autor más exitoso del Grand-Guignol son los protagonistas de este micro, en el que se nos narra la colaboración que llevan a cabo para dotar a las obras de un realismo inusitado, todo desde detrás de un espejo que nos permite observar sin ser vistos cómo los más bajos instintos humanos pueden ser, en ocasiones, la mejor inspiración para el arte. No olvidéis la libreta para tomar notas.
Juego de niños 3, Álvaro Morales Collazo: Una nueva interpretación del cuento de Hansel y Gretel llevado hasta el terreno de lo macabro. La imagen funciona a la perfección, pero quizá es demasiado breve en su desarrollo y no profundiza en las motivaciones de los protagonistas. Cien palabras más hubiesen conseguido, quizá, que el final hubiese sido aún más estremecedor.
L'enfant terrible, Rubén Giráldez González: Un nuevo niño, motivado de igual modo por sus padres, nos enseña que lo que ve en casa es lo que él cree correcto, y ante semejante panorama familiar, no puede sino llevarnos de la mano a unos juegos que horrorizarían al más pintado. Quizá demasiado explícito en su planteamiento, pero igualmente atractivo. Eso sí (y esto es MI opinión, por supuesto), me sobra la pregunta final. Ya me la había hecho con la frase anterior.
La vieja gloria, Ángeles Mora: Una hermosa metáfora que te susurra al oído como un mecanismo perfectamente engrasado. La ambientación, la prosa, esa atmósfera teatral tan conseguida... Me ha encantado. Casi podía oler el polvo de aquel pasillo y escuchar los lejanos aplausos. Uno bien sonoro para tí, Ángeles.
La buena cocina, Leonardo Dolengiewich: Más humor negro para una escena tan directa como breve. Su fin no es otro que el de hacerte sonreír al terminar, y lo consigue con sólo 48 palabras. En ese sentido, chapó. Pero creo que si alguno de los demás micros ya se alejaba del tema central de la antología, este se sale demasiado por la tangente. No me ha sugerido en ningún momento un Grand Guignol.
Libreto del bosque mudo, Sergi G. Oset: Y como si me hubiese leído la mente (y ya van dos cosas curiosas con esta antología), el autor de este texto nos sitúa justo en la platea de un espectáculo tan psicodélico como sombrío. Dividida en 3 actos, la función es un paseo a paso de viejo por el bosque que da título al micro. Bellas imágenes de muerte, y algunas muy originales. Me he imaginado a ese perro, y te aseguro que no era agradable. Me ha gustado mucho.
Madre ausente, Fernando López Guisado: Maravilloso. Una pieza de pura poesía que se te clava en el alma como un anzuelo oxidado. La disposición de cada palabra es perfecta; el imaginario, triste y embriagador. Otra de las pequeñas joyas de esta antología. Enhorabuena, Fernando.
Son las 00:01... ¿Llegaremos hasta el final?
Matrícula de horror, Manuel Osuna: La libertad creativa de unos niños llevada hasta el extremo de lo macabro. Bien narrado, con un estilo directo pero no exento de detalles, mezcla muy acertadamente el concepto del Grand Guignol con la escena que representan los infantes. Como curiosidad, y ya que se menciona en el relato, ¿sabíais que el éxito de una de estas obras solía medirse por el número de desmayos de la sala? Me ha gustado ese detalle concreto. En mi opnión, le da un espaldarazo de realidad al texto. Por contra, no me ha gustado el que hace referencia al título. Creo que de haberse resuelto sin esa frase concreta, el poso que deja en tu cabeza tras leerlo sería más perturbador.
Matrioska, Raúl Gómez Lozano: Una obra de teatro tan grotesca como irónica nos traslada a un contexto muy cercano... y nos horroriza al desfigurar la palabra que da título al texto hasta límites inimaginables. La imagen aún perdura en mi cabeza, y creo que va a tardar en desaparecer. Muy bueno.
Navidades Macabras, Virginia S. V. Riesco: Un micro sumamente original que nos presenta una Navidad alternativa en un mundo donde el papel de regalo ha perdido toda función. No os estropeo la sorpresa, porque el texto merece ser leído sin ideas preconcebidas. Este también me ha gustado mucho.
Nino, Jesús Ayuso: Ya echaba yo en falta alguna marioneta en este Grand Guignol. El autor nos la presenta como muda conocedora de un secreto que su dueño, cuya dualidad está muy bien plasmada, se esfuerza en esconder. Quizá ese secreto resulta un poco manido, pero la calidad de la narración es excelente y toda la historia supura ese miasma insano de los teatrillos viejos y cubiertos por el polvo. Muy notable.
Placer, sentido, culpa complacencia, desidia, Pablo Loperena: Vale. Tras leer tres veces este micro de macrotítulo, por fin le he encontrado sentido y puedo afirmar que, a riesgo de lo que venga detrás, estoy ante el texto más original de todos los leídos hasta el momento. Una doble lectura que se va complementando en sus imágenes como un cubo de Rubik y te hace preguntarte en qué mundo vivía el autor cuando escribió semejante locura. Me ha encantado. Hace trampas, pero te da igual, porque son magistrales. Como único pero (y siendo jodidamente quisquilloso una vez más), roza de forma casi subliminal el tema de la antología. Y aún así, chapó.
Son las 00:46... ¿Un último esfuerzo?
Prevención, Javier Jimeno: La primera frase es muy potente, y logra captar tu atención. El sentimiento de culpa del protagonista está muy logrado, y pese a que la escena es un recurso demasiado típico del terror, lo cierto es que logra tener la suficiente personalidad como para resultar fresco. Como punto negativo, creo que hay un exceso de frases empezadas por "No..." (No puedo, no quiero, no dejo...) y eso hace que en un texto tan corto, tienda a resultar un tanto repetitivo.
Resurrección, Julián Sánchez Caramazana: Y puñetazo en la boca del estómago. La visión que a estas horas de la madrugada me han provocado estas 8 líneas es difícil de describir. Se me mezcla todo: la sangre, los hilos, esos lloros que no están sobre las letras y yo sin embargo oigo... Lenguaje directo, cortante. Efecto: tratar de calmar a mi imaginación. Muy bueno.
Rodaje, Ricardo Cortés Pape: A veces la realidad parece una mala obra de teatro, ¿verdad? Eso es lo que parece pensar el protagonista de esta historia mientras a su alrededor danzan los actores. Muy original (y ya van unos cuantos, qué buen balance), logra hacer que pienses una cosa para cuatro párrafos más tarde desmontar tus conjeturas. La escena es sobrecogedora.
Y, sintiéndolo mucho, me voy a la cama. Mañana acabaré con los pocos textos que me quedan y daré mis opiniones finales sobre la antología, no sin antes reitarme en el buen nivel mantenido por todos los autores leídos hasta el momento. Por mis gustos personales ha habido unos con los que he conectado más, pero eso no significa que los textos menos elogiados estén mal. Los apuntes son opiniones mías, y no debéis tomarlos como algo malo, porque cada uno tenemos nuestros gustos, y al final se trata de eso: gustos. Y no todos coinciden, por supuesto.
¡¡Buenas noches!!
Inspiración, Nuria C. Botey: Un doctor haciendo horas extras y el autor más exitoso del Grand-Guignol son los protagonistas de este micro, en el que se nos narra la colaboración que llevan a cabo para dotar a las obras de un realismo inusitado, todo desde detrás de un espejo que nos permite observar sin ser vistos cómo los más bajos instintos humanos pueden ser, en ocasiones, la mejor inspiración para el arte. No olvidéis la libreta para tomar notas.
Juego de niños 3, Álvaro Morales Collazo: Una nueva interpretación del cuento de Hansel y Gretel llevado hasta el terreno de lo macabro. La imagen funciona a la perfección, pero quizá es demasiado breve en su desarrollo y no profundiza en las motivaciones de los protagonistas. Cien palabras más hubiesen conseguido, quizá, que el final hubiese sido aún más estremecedor.
L'enfant terrible, Rubén Giráldez González: Un nuevo niño, motivado de igual modo por sus padres, nos enseña que lo que ve en casa es lo que él cree correcto, y ante semejante panorama familiar, no puede sino llevarnos de la mano a unos juegos que horrorizarían al más pintado. Quizá demasiado explícito en su planteamiento, pero igualmente atractivo. Eso sí (y esto es MI opinión, por supuesto), me sobra la pregunta final. Ya me la había hecho con la frase anterior.
La vieja gloria, Ángeles Mora: Una hermosa metáfora que te susurra al oído como un mecanismo perfectamente engrasado. La ambientación, la prosa, esa atmósfera teatral tan conseguida... Me ha encantado. Casi podía oler el polvo de aquel pasillo y escuchar los lejanos aplausos. Uno bien sonoro para tí, Ángeles.
La buena cocina, Leonardo Dolengiewich: Más humor negro para una escena tan directa como breve. Su fin no es otro que el de hacerte sonreír al terminar, y lo consigue con sólo 48 palabras. En ese sentido, chapó. Pero creo que si alguno de los demás micros ya se alejaba del tema central de la antología, este se sale demasiado por la tangente. No me ha sugerido en ningún momento un Grand Guignol.
Libreto del bosque mudo, Sergi G. Oset: Y como si me hubiese leído la mente (y ya van dos cosas curiosas con esta antología), el autor de este texto nos sitúa justo en la platea de un espectáculo tan psicodélico como sombrío. Dividida en 3 actos, la función es un paseo a paso de viejo por el bosque que da título al micro. Bellas imágenes de muerte, y algunas muy originales. Me he imaginado a ese perro, y te aseguro que no era agradable. Me ha gustado mucho.
Madre ausente, Fernando López Guisado: Maravilloso. Una pieza de pura poesía que se te clava en el alma como un anzuelo oxidado. La disposición de cada palabra es perfecta; el imaginario, triste y embriagador. Otra de las pequeñas joyas de esta antología. Enhorabuena, Fernando.
Son las 00:01... ¿Llegaremos hasta el final?
Matrícula de horror, Manuel Osuna: La libertad creativa de unos niños llevada hasta el extremo de lo macabro. Bien narrado, con un estilo directo pero no exento de detalles, mezcla muy acertadamente el concepto del Grand Guignol con la escena que representan los infantes. Como curiosidad, y ya que se menciona en el relato, ¿sabíais que el éxito de una de estas obras solía medirse por el número de desmayos de la sala? Me ha gustado ese detalle concreto. En mi opnión, le da un espaldarazo de realidad al texto. Por contra, no me ha gustado el que hace referencia al título. Creo que de haberse resuelto sin esa frase concreta, el poso que deja en tu cabeza tras leerlo sería más perturbador.
Matrioska, Raúl Gómez Lozano: Una obra de teatro tan grotesca como irónica nos traslada a un contexto muy cercano... y nos horroriza al desfigurar la palabra que da título al texto hasta límites inimaginables. La imagen aún perdura en mi cabeza, y creo que va a tardar en desaparecer. Muy bueno.
Navidades Macabras, Virginia S. V. Riesco: Un micro sumamente original que nos presenta una Navidad alternativa en un mundo donde el papel de regalo ha perdido toda función. No os estropeo la sorpresa, porque el texto merece ser leído sin ideas preconcebidas. Este también me ha gustado mucho.
Nino, Jesús Ayuso: Ya echaba yo en falta alguna marioneta en este Grand Guignol. El autor nos la presenta como muda conocedora de un secreto que su dueño, cuya dualidad está muy bien plasmada, se esfuerza en esconder. Quizá ese secreto resulta un poco manido, pero la calidad de la narración es excelente y toda la historia supura ese miasma insano de los teatrillos viejos y cubiertos por el polvo. Muy notable.
Placer, sentido, culpa complacencia, desidia, Pablo Loperena: Vale. Tras leer tres veces este micro de macrotítulo, por fin le he encontrado sentido y puedo afirmar que, a riesgo de lo que venga detrás, estoy ante el texto más original de todos los leídos hasta el momento. Una doble lectura que se va complementando en sus imágenes como un cubo de Rubik y te hace preguntarte en qué mundo vivía el autor cuando escribió semejante locura. Me ha encantado. Hace trampas, pero te da igual, porque son magistrales. Como único pero (y siendo jodidamente quisquilloso una vez más), roza de forma casi subliminal el tema de la antología. Y aún así, chapó.
Son las 00:46... ¿Un último esfuerzo?
Prevención, Javier Jimeno: La primera frase es muy potente, y logra captar tu atención. El sentimiento de culpa del protagonista está muy logrado, y pese a que la escena es un recurso demasiado típico del terror, lo cierto es que logra tener la suficiente personalidad como para resultar fresco. Como punto negativo, creo que hay un exceso de frases empezadas por "No..." (No puedo, no quiero, no dejo...) y eso hace que en un texto tan corto, tienda a resultar un tanto repetitivo.
Resurrección, Julián Sánchez Caramazana: Y puñetazo en la boca del estómago. La visión que a estas horas de la madrugada me han provocado estas 8 líneas es difícil de describir. Se me mezcla todo: la sangre, los hilos, esos lloros que no están sobre las letras y yo sin embargo oigo... Lenguaje directo, cortante. Efecto: tratar de calmar a mi imaginación. Muy bueno.
Rodaje, Ricardo Cortés Pape: A veces la realidad parece una mala obra de teatro, ¿verdad? Eso es lo que parece pensar el protagonista de esta historia mientras a su alrededor danzan los actores. Muy original (y ya van unos cuantos, qué buen balance), logra hacer que pienses una cosa para cuatro párrafos más tarde desmontar tus conjeturas. La escena es sobrecogedora.
Y, sintiéndolo mucho, me voy a la cama. Mañana acabaré con los pocos textos que me quedan y daré mis opiniones finales sobre la antología, no sin antes reitarme en el buen nivel mantenido por todos los autores leídos hasta el momento. Por mis gustos personales ha habido unos con los que he conectado más, pero eso no significa que los textos menos elogiados estén mal. Los apuntes son opiniones mías, y no debéis tomarlos como algo malo, porque cada uno tenemos nuestros gustos, y al final se trata de eso: gustos. Y no todos coinciden, por supuesto.
¡¡Buenas noches!!
sábado, 13 de septiembre de 2014
CALABACINES EN EL ÁTICO
Habiendo recibido ya mi ejemplar de cortesía de esta esperada antología (toma cacofonía), se me ha ocurrido algo que no he hecho hasta ahora y creo que puede resultar interesante: al ser una compilación de 33 microrrelatos he pensado que dar mi opinión (siempre lo digo: esto no es una reseña, es sólo MI opinión, de modo que espero que los autores entiendan que según mis gustos personales habrá micros que me gusten más y otros que me gusten menos, pero que siempre trataré los textos con el mayor de los respetos) después de leerlos todos me haría olvidar detalles y sensaciones que, sobre todo en el microrrelato, tienden a ser muy efímeras, así que voy a ir escribiendo mis impresiones a medida que los voy leyendo, para así ser capaz de apreciar todo en un contexto reciente, ¿os parece? Bien, espero que entendáis que el momento en el que escribo esto son exactamente las 23:30 de la noche, así que es probable que haya una segunda o tercera parte de esta entrada, no os lo toméis a mal si hoy me voy a la cama justo antes de empezar vuestro micro, jejeje. ¿Todo listo? Empecemos.
Portada: Realizada a partir de de una fotografía de Joseph Hall, es sencillamente fantástica. Una mujer vestida de blanco, sentada a una mesa con un cadáver que estudia su siguiente movimiento en la baraja. Alfombra, tapete y cortinas en el mismo tono sepia que inunda la imagen. Evocadora a más no poder. Y sobre esa imagen, una tipografía en gris anunciando el tema escogido para esta convocatoria: Grand Guignol. Buena introducción visual a su mundo.
Editorial: Vale, esto no es analizable, pero no quería dejar de destacar la enorme labor que está llevando a cabo todo el equipo de Saco de Huesos con las antologías de Calabazas en el trastero, porque no hay muchas editoriales que estén dispuestas a organizar una convocatoria cada dos meses en la que dar voz a todos esos autores que, como yo, soñamos con hacernos un ínfimo hueco en este mundo de escritores. Sólo por eso ya merece la pena apoyar sus publicaciones y felicitarles por la iniciativa. Seguid así, en serio. ¿Os he mencionado, por cierto, el buen rollo que se respira en una web llamada ociozero.com? ¿No? Pues eso.
Y comenzamos ya con los relatos. Seleccionados, como ya sabréis, por Santiago Eximeno, que creo no necesita presentación alguna. Allá vamos.
Aprendiz de sastre, María Posadillo: Me ha encantado. La prosa es hipnótica, y sus imágenes muy potentes. Imagino el maniquí resultante, su mirada. Estremece y atrae casi en la misma medida. Y el final me ha hecho sentir detrás del mostrador de tan turbadora sastrería. Buen comienzo para la antología.
Belleza interior, Esther Galán Recuero: Sangriento es la primera palabra que me viene a la cabeza tras ser mudo espectador de un macabro espectáculo. La obsesión de la mujer por gustar, el desenlace final de su locura. Todo bien retratado y urdido, funciona a la perfección. Me ha gustado.
Caperucita Roja, Anaïs Bahillo: Una reinterpretación del cuento que, por real, casi duele. Cuesta seguir leyendo porque sabes lo que vas a ver y no quieres, y aunque el final se ve llegar desde casi el comienzo, no por ello resulta menos atroz. El estilo es directo y visual. Quizá condicionado por el título, sin embargo, ya imaginaba lo que iba a leer.
Son las 00:01 de la madrugada.
Cita a escondidas, Marina Tena Tena: Una romántica escena, muy bella, pero no he llegado a empatizar con el texto. Está muy bien escrito, pero la situación que se narra me ha resultado demasiado típica. Pero, eh, lo romántico no es lo mío, y esto es sólo mi opinión.
Crimen dans une maison de fous, Sergio Moreno Montes: De mi micro no voy a opinar, de modo que os contaré únicamente que está inspirado en una obra real de Grand Guignol con el mismo título y que me pareció muy divertido escribir un diálogo de esa obra conociendo sólo lo que hoy en día definiríamos como su sinopsis.
Curiosa, José Manuel Fernández Aguilera: Madre mía. Este es buenísimo. Qué breve y que idea más... ¿De dónde la has sacado? Ahora mismo creo que toda la originalidad que yo creía poseer al escribir se está escurriendo hacia una enorme cloaca de sana envidia... Una princesa, una rana y un hada madrina. Es todo lo que necesitáis saber, porque ni en un millón de años seréis capaces de imaginar cómo acaba esta vez el cuento. Increible. Enhorabuena, José Manuel.
Dulce Abigail, Claudio Amodeo: Con el recuerdo de Caperucita Roja aún en mi mente, pienso en cómo se puede abordar un mismo tema desde perspectivas tan diferentes pero con idéntico final (salvando las distancias, claro). El micro está bien escrito, pero quizá al situarse tan cerca del relato anterior tienes una leve punzada de "esto lo acabo de leer" que no le sienta bien al texto. No obstante, obviando este detalle, la situación es muy perturbadora. Imaginar ese cuerpo tumbado en la cama...
El día del padre, David Calvo: Malos consejos, una llave y un secreto para una mente perturbada en un micro que mezcla con buenos resultados la evocadora escena del desván con una llamada de felicitación. Quizá demasiado escaso en desarrollo, pero intenso.
El gabinete del dentista, Miguel Chamizo: Humor negro en su máximo esplendor interpretado por dos actores de un Grand Guignol que no conocen la definición de "tacto". El cambio de tercio ante tanta sangre y mutilación se agradece y le suma enteros al resultado final. Original, como poco.
El teatro de la vida, Edgar Sega: Un niño descubriendo una nueva afición siempre es plato de buen gusto, sobre todo para unos padres tan liberales. Bien narrado, sus imágenes son claras y detalladas. Me ha encantado esa última sonrisa oculta.
Son las 00:38... Sólo un par más...
Es mi papá, José Aº Reyero, jarch: Ignoro si está hecho adrede (me inclino a pensar que no, porque los relatos están por orden alfabético), pero es curioso cómo este micro parece ser la continuación del anterior, como si los dos autores se hubiesen puesto de acuerdo para crear dos partes de una misma historia. Y el efecto es estremecedor. De nuevo la inocencia del niño, su afán de agradar a sus padres, y ellos siendo incapaces de contarles el cuento completo antes de que la inevitable tragedia se desplome sobre sus cabezas. Me ha gustado mucho, sobre todo el final. Un texto muy notable.
Estilismo, Nacho Echevarría: Una pesadilla muy interesante, con una prosa que me ha recordado mucho al del primer micro de la antología, cuidada, bella y poderosa. No me gustaría contemplar esa última fotografía.
Hambre, Raúl S. Vindel: Perdón, pero: joooooder... Si Miguel Chamizo nos hacía enarcar la ceja ante el desenlace de su micro, Raúl S. nos coje esa misma ceja y la estira hasta que la notamos sangrar. Imágenes muy desagradables cuyo final, no por ser de un humor negro que casi roza lo enfermizo, dejará de sorprendernos. Pero, hey, de eso se trata en esto del terror, ¿no? Macabro (y, al menos en mi cabeza, plausible) como pocos.
Hoodoo Voodooo Show, Salomé Guadalupe Ingelmo: Un perturbador retrato del alma humana con dosis de fantasía que te arrastra en cada palabra hasta un final tan cercano como turbador. Gran narración, mejores reflexiones. Muy bueno.
Y con este, me voy a la cama. Son las 00:59 y hasta aquí llega esta opinión redactada en tiempo real. Creo que el experimento ha sido interesante, y este tiempo de lectura, una delicia. Me acuesto saciado de Grand Guignol y con la certeza de que la antología mantendrá el gran nivel que ha mostrado en sus 53 primeras páginas. No sé cuando podré continuar con la siguiente entrada, pero no será dentro de mucho. Y mientras tanto, y si a alguno de los autores que os habéis asomado por aquí os apetece, os invito a que me hagáis llegar vuestra opinión acerca de mi texto en esos comentarios que tenéis ahí abajo. Buenas noches a todos y enhorabuena.
Por el momento, estoy disfrutando como un enano con el libro.
jueves, 11 de septiembre de 2014
FINALISTA EN EL I CERTAMEN DE RELATO BREVE "ENCUENTROS EN LA TERCERA FRASE"
Esta semana he tenido la suerte de ser finalista en un nuevo certamen literario organizado por la editorial Fata Libeli en colaboración con la página web Letras Inquietas. El resultado final se dará a conocer la última semana de septiembre, pero para mí estar entre los 10 finalistas ya ha sido un verdadero orgullo. Los relatos serán publicados (en Internet) por las entidades convocantes una vez se decida el fallo definitivo, así que ya os mantendré informados por el blog para que podáis echarles un vistazo y, si os parece bien, me déis vuestra opinión al respecto. Por motivos obvios aún no puedo revelar su título, pero sí os diré que traté de que el relato fuese original, y que el tema que aborda (o quizá sería más apropiado decir cómo lo aborda) no es muy habitual en el género de terror. Como siempre, la última palabra la tenéis los lectores, así que esperaré pacientemente vuestros veredictos.
Un saludo a todos los que os pasáis por aquí habitualmente y me dejáis vuestros comentarios; gracias por mantener este blog activo!!
Un saludo a todos los que os pasáis por aquí habitualmente y me dejáis vuestros comentarios; gracias por mantener este blog activo!!
CONCURSO DE RELATOS "EVIL CHILDREN"
Buenos días a todos. Hoy me paso por aquí para informaros acerca de un nuevo concurso literario que organizan Aitor Heras Rodriguez y David Jerónimo Mateos (La Instalación) en colaboración con la editorial Seleer. Las bases podéis encontrarlas en Facebook, en el grupo público que se ha creado para tal fin, así que para más detalles podéis pasaros por allí y ver si os interesa. A groso modo, son estas:
Los relatos tendrán una extensión de entre 3000 y 6000 palabras, en Times New Roman 12.
Deben encuadrarse dentro del género de terror, y la temática han de ser los niños.
El plazo de envío finaliza el 1 de diciembre de 2014 y debéis enviarlos a los siguientes correos: aitorheras79@gmail.com o ageda76@yahoo.es. El asunto debe ser "Antología Evil Children".
Solo se admitirá un relato por autor, y debe firmarse con pseudónimo.
Animaos a participar!!
Los relatos tendrán una extensión de entre 3000 y 6000 palabras, en Times New Roman 12.
Deben encuadrarse dentro del género de terror, y la temática han de ser los niños.
El plazo de envío finaliza el 1 de diciembre de 2014 y debéis enviarlos a los siguientes correos: aitorheras79@gmail.com o ageda76@yahoo.es. El asunto debe ser "Antología Evil Children".
Solo se admitirá un relato por autor, y debe firmarse con pseudónimo.
Animaos a participar!!
martes, 12 de agosto de 2014
ESCRIBIR
Oh, sí. Sabía que tarde o temprano llegaría este momento. Hoy me apetece escribir sobre cómo escribo, sobre cómo surgen ciertas ideas y el "método" que sigo una vez me siento frente a mi pequeño netbook con esa barrita negra y parpadeante que me llama desde el Word. Hay un espacio en blanco, bastante amplio a primera vista; infinito cuando descubro que por más palabras que tecleé siempre aparece un poco más, surgiendo desde la parte inferior de la pantalla. Una vez hecho esto, dependiendo de qué me traiga entre manos (lo normal es que siempre esté liado con una novela, pero escribo bastantes relatos mientras sigo con ella), suelo dedicar unos segundos a formar algo en mi cabeza. Quizá ya tenga una idea previa, surgida de las más absurdas asociaciones o algún hecho que haya visto en cualquier lugar, pero lo más normal es que no haya nada. Un blanco exactamente igual que el del folio virtual que se extiende frente a mí. A veces esas ideas son extrañas, y tengo que interpretarlas de una forma que me resulte atractiva para dar forma a un relato, o rumiarla durante días si creo que va a dar pie a una historia más larga. Por ejemplo, ¿de qué manera relacionariáis vosotros a un hombre volviendo a casa de trabajar por la noche y un bote de loctite? Esa es la base principal de un relato que escribí para un concurso del que pronto, Halloween a más tardar, se sabrán los resultados. Hice otro más en el que mezclé un anuncio en internet con la palabra que, en aquel momento, flotaba sobre mi cabeza. Vanidad. En pocas palabras, así es como normalmente escribo la primera frase. Con lo primero que me viene a la cabeza. Para mí no es importante que sea una buena frase, de verdad. Dispongo de cualquier momento para cambiarla, borrarla o modificarla de cualquier manera. Lo importante es que la semilla ya está ahí. Sigue habiendo un enorme espacio vacío, pero si releo esa primera frase un par de veces suelo escribir otras dos o tres con lo segundo que me viene a la cabeza. Lo que acabo de explicar también es válido para estos primeros compases. Se trata, simplemente, de empezar a mover los dedos.
Y hasta aquí el método de Sergio Moreno para sentarse a escribir. Lo demás, supongo, es mero instinto. Si escribes, lo normal es que también leas mucho, y en tu cabeza (aquí ya cada uno lo interpreta a su modo, eso sí) sabes qué te gusta leer, qué estilo prefieres, que valoras de verdad en una historia. Eso es lo que acabarás escribiendo. Cogerás lo mejor de unos, lo peor de otros, lo que sencillamente funciona y lo que no y lo mezclarás todo en unos primeros escritos que mirarás de reojo cinco años después, preguntándote: ¿eso lo escribí yo? Bueno, a mí me ha pasado, quizá haya gente a la que le pase lo contrario o que nunca vuelvan a leer nada de lo que han escrito, que también los hay. Lo normal es que si mantienes un ritmo constante acabes mejorando, y como incentivo, una vez creas que algo de lo que has escrito merece la pena, encontrarás esos primeros concursos a los que presentarte, ansiando ser publicado cuando sólo llevas dos días escribiendo. Y esa sensación mola, ¿verdad? Tarde o temprano, si dedicas tiempo y esfuerzo a seguir escribiendo (para mí, realmente la única forma de mejorar) acabarás quedando finalista o incluso ganarás algún concurso. Bien, no es el Minotauro ni el Bram Stoker, pero qué cojones, alguien que ha leído algo tuyo ha decidido que era bueno. Ese debería ser tu pensamiento. Has hecho algo bueno. ¡A mí me ha pasado, en serio, y si estás aquí de paso sabrás que no soy famoso ni nada de eso! Algún gracioso me ha dicho que en la foto me parezco al Gran Lebowski de joven, pero aparte de eso... Disfruta esos momentos y releé ese relato premiado. Busca lo bueno, lo malo, lo decente, lo prescindible, esos detalles que no aportan nada o esos que hacen que una sonrisilla de "hey, esto es bueno" se dibuje en tu cara. Es bueno para tu mente sentirte así. Para mí los concursos son parte esencial del aprendizaje de todo escritor, sobre todo porque te obligan de alguna manera a forzar la maquinaria que después te susurra lo que quieres decir con los dedos. Y si mantienes a tu imaginación activa, todo fluirá mucho mejor. Yo llevo cinco años escribiendo, y en ese tiempo he escrito tres novelas y veintisiete relatos. Ahora sigo con la cuarta y hay un cuaderno relleno con datos y apuntes de todo tipo. Eso sí, no hay planificación alguna. No me hago esquemas antes de escribir, ni determino la personalidad de mis personajes antes de describirlos por primera vez sobre el papel. Soy caos, es cierto, pero no me puedo quejar. Siete de esos relatos tuvieron premio, y no he presentado ni la mitad de los que he escrito. Y, ojo, también hay que tener suerte. Es realmente dificil hacer un buen relato, quizá más que una novela, a mi parecer, y dar en el clavo es algo que no sucederá demasiadas veces. Yo soy muy consciente de mis defectos, y aunque trato de pulirlos están ahí. Son esa frase que te hace enarcar la ceja, esa situación que sabes que podrías haber descrito mejor, ese final precipitado porque no sabías cómo iba a acabar la historia hasta que lo hizo. Eso es lo que tienes que ver. Y también lo bueno, por supuesto. Alimenta tu ego, pero siempre en pequeñas dosis.
Pues ya lo tienes. Así es como un escritor que aspira a publicar su primera novela se sienta cada noche en una mesa de su cocina, con un cigarro encendido en el cenicero, mientras detrás de la puerta su mujer y sus dos hijos descansan para enfrentar un nuevo de día de trabajo, lloros, biberones y esas otras cosas de la vida real. Porque los hay afortunados, gente que vive de esto. Pero yo mañana me levanto a las cinco y veinte para ganarme las perras. Espero, seas quien seas, que tú que lees esto también tengas trabajo, porque los sueños alimentan el alma, pero por desgracia no el estómago.
Y escribe. Escribe mucho.
Gánate tu verdadero oficio.
Y hasta aquí el método de Sergio Moreno para sentarse a escribir. Lo demás, supongo, es mero instinto. Si escribes, lo normal es que también leas mucho, y en tu cabeza (aquí ya cada uno lo interpreta a su modo, eso sí) sabes qué te gusta leer, qué estilo prefieres, que valoras de verdad en una historia. Eso es lo que acabarás escribiendo. Cogerás lo mejor de unos, lo peor de otros, lo que sencillamente funciona y lo que no y lo mezclarás todo en unos primeros escritos que mirarás de reojo cinco años después, preguntándote: ¿eso lo escribí yo? Bueno, a mí me ha pasado, quizá haya gente a la que le pase lo contrario o que nunca vuelvan a leer nada de lo que han escrito, que también los hay. Lo normal es que si mantienes un ritmo constante acabes mejorando, y como incentivo, una vez creas que algo de lo que has escrito merece la pena, encontrarás esos primeros concursos a los que presentarte, ansiando ser publicado cuando sólo llevas dos días escribiendo. Y esa sensación mola, ¿verdad? Tarde o temprano, si dedicas tiempo y esfuerzo a seguir escribiendo (para mí, realmente la única forma de mejorar) acabarás quedando finalista o incluso ganarás algún concurso. Bien, no es el Minotauro ni el Bram Stoker, pero qué cojones, alguien que ha leído algo tuyo ha decidido que era bueno. Ese debería ser tu pensamiento. Has hecho algo bueno. ¡A mí me ha pasado, en serio, y si estás aquí de paso sabrás que no soy famoso ni nada de eso! Algún gracioso me ha dicho que en la foto me parezco al Gran Lebowski de joven, pero aparte de eso... Disfruta esos momentos y releé ese relato premiado. Busca lo bueno, lo malo, lo decente, lo prescindible, esos detalles que no aportan nada o esos que hacen que una sonrisilla de "hey, esto es bueno" se dibuje en tu cara. Es bueno para tu mente sentirte así. Para mí los concursos son parte esencial del aprendizaje de todo escritor, sobre todo porque te obligan de alguna manera a forzar la maquinaria que después te susurra lo que quieres decir con los dedos. Y si mantienes a tu imaginación activa, todo fluirá mucho mejor. Yo llevo cinco años escribiendo, y en ese tiempo he escrito tres novelas y veintisiete relatos. Ahora sigo con la cuarta y hay un cuaderno relleno con datos y apuntes de todo tipo. Eso sí, no hay planificación alguna. No me hago esquemas antes de escribir, ni determino la personalidad de mis personajes antes de describirlos por primera vez sobre el papel. Soy caos, es cierto, pero no me puedo quejar. Siete de esos relatos tuvieron premio, y no he presentado ni la mitad de los que he escrito. Y, ojo, también hay que tener suerte. Es realmente dificil hacer un buen relato, quizá más que una novela, a mi parecer, y dar en el clavo es algo que no sucederá demasiadas veces. Yo soy muy consciente de mis defectos, y aunque trato de pulirlos están ahí. Son esa frase que te hace enarcar la ceja, esa situación que sabes que podrías haber descrito mejor, ese final precipitado porque no sabías cómo iba a acabar la historia hasta que lo hizo. Eso es lo que tienes que ver. Y también lo bueno, por supuesto. Alimenta tu ego, pero siempre en pequeñas dosis.
Pues ya lo tienes. Así es como un escritor que aspira a publicar su primera novela se sienta cada noche en una mesa de su cocina, con un cigarro encendido en el cenicero, mientras detrás de la puerta su mujer y sus dos hijos descansan para enfrentar un nuevo de día de trabajo, lloros, biberones y esas otras cosas de la vida real. Porque los hay afortunados, gente que vive de esto. Pero yo mañana me levanto a las cinco y veinte para ganarme las perras. Espero, seas quien seas, que tú que lees esto también tengas trabajo, porque los sueños alimentan el alma, pero por desgracia no el estómago.
Y escribe. Escribe mucho.
Gánate tu verdadero oficio.
lunes, 4 de agosto de 2014
NO SERÁS NADIE
Una vocecita oscura y repelente en el interior de mi cabeza me dice que de vez en cuando es bueno escribir algo que no sea ficción. La odio, pero sé que lleva razón. Y es curioso cómo deja uno de escribir una escena más bien turbadora para pasar a ocuparse de un libro, y de uno muy especial, por cierto. Su título: No serás nadie. Su autor: Alberto González. No conozco a muchos escritores, todo sea dicho, y supongo que es debido a que aún estoy metiendo la cabeza en este mundo en que Alberto, al que sí que tengo el gusto de conocer desde antes de que los dinosaurios se extinguieran, ya tiene metido el cuerpo entero. Su primera novela, El amargo despertar (nowevolution, 2011) cosechó buenas palabras allá donde fue, como bien dice Alberto, y nos presentó un mundo post-apocalíptico desde la visión de un personaje que poco tenía de héroe y si mucho de humanidad, aunque fuese una humanidad muy retorcida. Para esta segunda el marco elegido es otro, pero en cierto modo la obra destila esa sensación de abandono y tristeza que parece marca del autor. Antes de nada, aclaremos las cosas. Esto no es una reseña, como ya os he dicho en más de una ocasión. Es una opinión: la mía. Y por eso solo voy a hablaros del libro como el lector que soy, con sus preferencias, sus gustos y, por qué no, sus manías.
No serás nadie es una obra distinta, arriesgada, hecha para despertar en quien la lee unos sentimientos a los que casi nunca prestamos atención. La manera de narrar la historia es en cierto modo caótica, pero dentro de un patrón que no tardaremos en reconocer si prestamos atención a los pequeños detalles. Y Alberto ha dejado su historia repleta de ellos, creedme. No soy de destripar historias, así que omitiré deliberadamente el leit motive de la trama (que por otra parte viene en la contraportada, estropeando para mi gusto la primera sorpresa del libro) y os contaré cómo el es mundo en que se desarrolla. La primera palabra que me viene a la cabeza es aséptico. Parece un mundo limpio, ordenado, ubicado en un futuro quizá más cercano de que lo estaríamos dispuestos a creer. En él, los sueños de la plobación son bombardeados con publicidad, condicionados y manipulados para mantener una sociedad de consumo. Hay más detalles como ese, pero os dejo los demás para que los descubráis. Alberto lo niega, pero yo soy más cabezón y le digo que ese mundo se parece bastante (al menos en mi mente) al que imaginó Aldous Huxley para Un mundo feliz. De hecho, si me preguntasen a que libro se parece No serás nadie, sería el primer título que me vendría a la cabeza. Y es bueno, porque es una de las pocas obras que me atrevo a calificiar de ciencia-ficción que me hayan gustado lo suficiente de todas las que he leído. Son pocas, lo reconozco, la cifi no es lo mío, pero con la obra de Alberto he disfrutado del mismo modo que con mi género predilecto, lo que ya es motivo suficiente para que se haya ganado unas pocas líneas en este humilde blog. Y lo es porque Alberto no se centra en apabullarnos con las descripciones de ese mundo (un error, en mi opinión, en el que caen muchos escritores de este género), sino que se centra en los personajes, en sus vidas, en sus pensamientos y obsesiones y en cómo los sucesos que viven los van cambiando, dejando cicatrices y heridas abiertas y haciéndonos partícipes en todo momento de sus motivaciones. Como ya he dicho antes, y es extensible a toda su obra, Alberto nos narra una historia de sentimientos. Enmarcada en una distopía, sí, pero haciendo que eso no sea lo más importante. Sobre su forma de escribir, peliagudo tema siempre que los escritores asoman el hocico por las opiniones de sus novelas, diré que tiene un estilo que cuesta asimilar al principio pero que deja un regusto dulce en el paladar a medida que avanzan las páginas. Es seco, parco en ocasiones y sin duda muy negativo, pero es (y aquí me sumergo en las turbias aguas de la opinión más personal e intransferible) el estilo que pedía la historia. Aquí apenas hay relaciones sociales, apenas conversaciones de más de diez palabras. Humanidad es una palabra olvidada en una biblioteca polvorienta, la misma que sirve de escenario en buena parte de la novela. No esperéis otra cosa, acercaos a la historia sin prejuicios y la disfutaréis. ¿Hay cosas negativas? Por supuesto. A veces Alberto parece aturullarse un poco en la trama y narra pasajes que podían haberse sacrificado para equilibrar un poco el ritmo de la narración, que ya de por sí es densa por el tono utilizado, pero creo ningún escritor (y me incluyo) se libra de meter cierta cantidad de paja en sus novelas, de modo que es algo que apenas sí tiene importancia en la calidad general de la obra. Por otro lado, los constantes cambios de persona narrativa son, a veces, un poco confusos, y eso que la editorial incluso ha marcado con unos dibujos esos capítulos para que el lector se sienta menos abrumado. He detectado, eso sí, que hay pequeños fragmentos en la novela en que las frases no casan, y da la sensación de que se le hayan quitado los guiones que debían enmarcar dichas frases para su correcta comprensión. Me consta que es un error que se subsanará en posteriores ediciones, pero afea un poco el conjunto de la, por otro lado, magnifica edición del libro. La portada es una maravilla, a mi juicio, y refleja a la perfección la historia. ¿Por qué? Eso os lo dejo a vosotros, lectores. Yo, que tuve el privilegio de leer esta novela mucho antes de que fuese publicada e incluso con otro título, sólo puedo desde aquí recomendaros su lectura encarecidamente.
Enhorabuena, Alberto. Y mucha suerte con él.
La mereces.
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