Blog del autor Sergio Moreno

lunes, 15 de septiembre de 2014

CALABACINES EN EL ÁTICO: 3ª PARTE... Y FINAL

Bien, el último empujoncito y ya finalizo con la antología, aunque me da un poco de pena que se acabe, porque hay auténticas joyitas entre sus páginas. Hoy es pronto, las 10:15 de la mañana, pero bajo la persiana para ambientar un poco la habitación. Así que...

Sesión infantil, Cristina Arias:  Salvar la educación es algo muy serio, y el maestro protagonista de esta historia alecciona a sus alumnos y los padres de estos con una serie de ejemplos de lo más visual. Con una prosa magnífica, se nos presenta una historia que incluso desde su lenguaje nos mete de lleno en el macabro mundo del Grand Guignol. Muy logrado, mejor escrito. Me ha gustado mucho.

Triple bendición, Miguel Martín Cruz y Gema del Prado Marugán: Una imaginativa escena donde un sacerdote que las creía todas consigo se encuentra con tres cabezas de una misma pesadilla. Pese a que me ha gustado bastante, adolece de algo que ya comenté en varios micros anteriores: se aleja demasiado de la idea que el lector tiene en mente acerca del Grand Guignol, lo cual hace que desentone un poco en la antología. Si obviamos este detalle, el texto es genial. Muy recomendable.

Último pase, Sergio López Vidal: Y, de nuevo, tras abandonar el patio de butacas durante unas pocas líneas, volvemos a encontrarnos en la primera fila de un espectáculo tan sombrío como hermosamente narrado, con unas imágenes embriagadoras y un lenguaje que busca regodearse en lo teatral. Una pieza de locura y muerte de lo más sugerente. Y por fin un micro que acaba cuando se baja el telón (no me preguntéis por qué, pero lo estaba echando de menos). Precioso.

Un mal trago, Jose Alberto Arias Pereira: Y para despedir la antología, el autor nos narra los estertores finales de una noche de casquería y bebidas de dudosa procedencia. El nombre de la actriz principal me ha parecido muy acertado, y el tono del director de la obra, tan divertido como mordaz. Es curioso, pero parece hecho adrede para encajar como última pieza de este enorme puzle de Grand Guignol, dejando la sensación, una vez leído, de que la antología termina como si estuviese pensada como un todo, y no como textos individuales sin nexo en común. Gran final.

¡Pues ya está! No puedo sino felicitar a todos y cada uno de los autores de este primer Calabacines en el ático, porque es una lectura sobresaliente. Hay auténticas joyas en el libro, y ningún amante del terror en su expresión más teatral debería dejar de leerlo, y mucho menos sabiendo que podréis descargarlo de forma completamente gratuita en www.sacodehuesos.com dentro de muy poco. He disfrutado como un crío leyendo vuestras historias, compañeros, y a pesar de que hay algunas que me han gustado más que otras, el nivel mostrado a lo largo de los 33 microrrelatos es un excelente indicativo de la salud que goza la literatura de terror en este país. Autores ya maduros se mezclan con otros emergentes en un crisol muy efectivo, saciando sobremanera nuestras ansias de escenas grotescas y alegorías descarnadas. Por enésima vez, chapó. Y tú que lees esto: no dejes de echarle un ojo a estas páginas. A buen seguro aplaudirás, con tus manos llenas de sangre, una vez baje el telón.
Quizá hasta te pongas en pie.
¡A pasar buen día!