Blog del autor Sergio Moreno

lunes, 4 de agosto de 2014

NO SERÁS NADIE




Una vocecita oscura y repelente en el interior de mi cabeza me dice que de vez en cuando es bueno escribir algo que no sea ficción. La odio, pero sé que lleva razón. Y es curioso cómo deja uno de escribir una escena más bien turbadora para pasar a ocuparse de un libro, y de uno muy especial, por cierto. Su título: No serás nadie. Su autor: Alberto González. No conozco a muchos escritores, todo sea dicho, y supongo que es debido a que aún estoy metiendo la cabeza en este mundo en que Alberto, al que sí que tengo el gusto de conocer desde antes de que los dinosaurios se extinguieran, ya tiene metido el cuerpo entero. Su primera novela, El amargo despertar (nowevolution, 2011) cosechó buenas palabras allá donde fue, como bien dice Alberto, y nos presentó un mundo post-apocalíptico desde la visión de un personaje que poco tenía de héroe y si mucho de humanidad, aunque fuese una humanidad muy retorcida. Para esta segunda el marco elegido es otro, pero en cierto modo la obra destila esa sensación de abandono y tristeza que parece marca del autor. Antes de nada, aclaremos las cosas. Esto no es una reseña, como ya os he dicho en más de una ocasión. Es una opinión: la mía. Y por eso solo voy a hablaros del libro como el lector que soy, con sus preferencias, sus gustos y, por qué no, sus manías.
No serás nadie es una obra distinta, arriesgada, hecha para despertar en quien la lee unos sentimientos a los que casi nunca prestamos atención. La manera de narrar la historia es en cierto modo caótica, pero dentro de un patrón que no tardaremos en reconocer si prestamos atención a los pequeños detalles. Y Alberto ha dejado su historia repleta de ellos, creedme. No soy de destripar historias, así que omitiré deliberadamente el leit motive de la trama (que por otra parte viene en la contraportada, estropeando para mi gusto la primera sorpresa del libro) y os contaré cómo el es mundo en que se desarrolla. La primera palabra que me viene a la cabeza es aséptico. Parece un mundo limpio, ordenado, ubicado en un futuro quizá más cercano de que lo estaríamos dispuestos a creer. En él, los sueños de la plobación son bombardeados con publicidad, condicionados y manipulados para mantener una sociedad de consumo. Hay más detalles como ese, pero os dejo los demás para que los descubráis. Alberto lo niega, pero yo soy más cabezón y le digo que ese mundo se parece bastante (al menos en mi mente) al que imaginó Aldous Huxley para Un mundo feliz. De hecho, si me preguntasen a que libro se parece No serás nadie, sería el primer título que me vendría a la cabeza. Y es bueno, porque es una de las pocas obras que me atrevo a calificiar de ciencia-ficción que me hayan gustado lo suficiente de todas las que he leído. Son pocas, lo reconozco, la cifi no es lo mío, pero con la obra de Alberto he disfrutado del mismo modo que con mi género predilecto, lo que ya es motivo suficiente para que se haya ganado unas pocas líneas en este humilde blog. Y lo es porque Alberto no se centra en apabullarnos con las descripciones de ese mundo (un error, en mi opinión, en el que caen muchos escritores de este género), sino que se centra en los personajes, en sus vidas, en sus pensamientos y obsesiones y en cómo los sucesos que viven los van cambiando, dejando cicatrices y heridas abiertas y haciéndonos partícipes en todo momento de sus motivaciones. Como ya he dicho antes, y es extensible a toda su obra, Alberto nos narra una historia de sentimientos. Enmarcada en una distopía, sí, pero haciendo que eso no sea lo más importante. Sobre su forma de escribir, peliagudo tema siempre que los escritores asoman el hocico por las opiniones de sus novelas, diré que tiene un estilo que cuesta asimilar al principio pero que deja un regusto dulce en el paladar a medida que avanzan las páginas. Es seco, parco en ocasiones y sin duda muy negativo, pero es (y aquí me sumergo en las turbias aguas de la opinión más personal e intransferible) el estilo que pedía la historia. Aquí apenas hay relaciones sociales, apenas conversaciones de más de diez palabras. Humanidad es una palabra olvidada en una biblioteca polvorienta, la misma que sirve de escenario en buena parte de la novela. No esperéis otra cosa, acercaos a la historia sin prejuicios y la disfutaréis. ¿Hay cosas negativas? Por supuesto. A veces Alberto parece aturullarse un poco en la trama y narra pasajes que podían haberse sacrificado para equilibrar un poco el ritmo de la narración, que ya de por sí es densa por el tono utilizado, pero creo ningún escritor (y me incluyo) se libra de meter cierta cantidad de paja en sus novelas, de modo que es algo que apenas sí tiene importancia en la calidad general de la obra. Por otro lado, los constantes cambios de persona narrativa son, a veces, un poco confusos, y eso que la editorial incluso ha marcado con unos dibujos esos capítulos para que el lector se sienta menos abrumado. He detectado, eso sí, que hay pequeños fragmentos en la novela en que las frases no casan, y da la sensación de que se le hayan quitado los guiones que debían enmarcar dichas frases para su correcta comprensión. Me consta que es un error que se subsanará en posteriores ediciones, pero afea un poco el conjunto de la, por otro lado, magnifica edición del libro. La portada es una maravilla, a mi juicio, y refleja a la perfección la historia. ¿Por qué? Eso os lo dejo a vosotros, lectores. Yo, que tuve el privilegio de leer esta novela mucho antes de que fuese publicada e incluso con otro título, sólo puedo desde aquí recomendaros su lectura encarecidamente. 
Enhorabuena, Alberto. Y mucha suerte con él.
La mereces.